domingo, 28 de febrero de 2010

Canarios

De las diversas inmigraciones llegadas a nuestro país desde comienzos del siglo XVIII, las más sacrificadas fueron –sin lugar a dudas- la de los canarios, base del incipiente Montevideo y luego de Canelones, extendiéndose también en menor grado a otros departamentos. Muchos estudiosos –entre los que destacamos el aporte de la Lic. Isabel Barreto y su equipo de la Facultad de Humanidades- trabajan por una justa cuanto merecida revalorización de aquéllos que ahincada, generosamente volcaron todos sus esfuerzos al trabajo del campo, chacras y quintas, tan caros aún al entorno lugareño. En el libro “Crónica de ‘El Sitio’ de Carlos Carbajal –que hemos recibido por gentileza del estudioso maragato Esc. Miguel Senattore- encontramos una incidental pero muy valiosa referencia a los canarios que llegaron al departamento de San José. El citado autor hizo construir una casona de estilo colonial español que llamó “El Sitio”, en las proximidades del Arroyo Cagancha, con frente a la actual Ruta 11, por los años treinta del siglo pasado. El libro cuenta con lujo de detalles, en un lenguaje castizo y en veces lírico, todas las instancias de la construcción de la casona, con sus jardines, así como las distintas plantaciones llevadas a cabo en la heredad, vecina de los campos donde ocurrió la célebre batalla y hasta la descripción –enriquecedora por la referencia a lugares, fauna y flora nativas-, de la travesía cumplida en el viaje de práctica realizado en 1933 con la Escuela Superior de Guerra. En el Capítulo XII de la obra trae la siguiente relación que nos ilustra sobre el modus vivendi de aquellos canarios que se establecieron en la zona –entre Rodríguez y San José- :
“Sin que menudearan las visitas, he trabado algunas relaciones con el vecindario. Es gente tranquila, de índole bondadosa, apegadas a formas rutinarias en la explotación del agro. Casi toda ella de origen canario, ya por su nacimiento en el archipiélago bien por su ascendencia oriunda de las islas. Muchas familias, cuando su arribo al país, tuvieron su asiento en Canelones, pero la división de la tierra y la transformación de la chacra en granja, los empujaron hacia el sur de San José y Florida. Trajeron a estos lugares métodos de cultivo que si bien rudimentarios, aplicados sobre los campos vírgenes y fértiles, les permitieron sobrellevar, con cierta holgura, la existencia. Los años transcurrieron; se empobreció la tierra y decayó la relativa prosperidad de sus pobladores. Ahora, los nuevos hogares encuentran dificultad para mantenerse en el pago donde el campo escasea y el bien familiar no produce lo indispensable para la vida. A la chacra le ha salido un rival serio: el tambo lo invade todo. Abunda no el mísero pero sí el poblador pobre.
Los Cabrera y Umpiérrez, también los Peraza, Bentancur y Fajardo, se han multiplicado en estos parajes; me trato con algunos de ellos. Recojo el sentimiento de sus existencias… Me complace despertar sus recuerdos a través de los cuales me entero de su tradición familiar. Hijos o nietos de inmigrantes, me hablan de las vicisitudes corridas por sus mayores cuando al país llegaron. Protagonistas o testigos de menudos episodios cuyo conjunto permite definir un estadio en la evolución social y económica de esta campaña. Muy pocos de ellos cambiaron la actividad que aquí trajeron; su aporte tendió francamente a la producción chacarera, del cereal como base de su economía. Los menos fueron viticultores, quizás obedeciendo a sus hábitos isleños, pues es sabido que la vid de las Canarias, cultivada en grandes extensiones de sus terrenos volcánicos, produce excelentes vinos. Otros fueron sufridos transportadores. La picana del canario Jacinto o Filomeno, enhebró estrellas en los cielos despejados de las madrugadas plácidas. Sus pintorescos convoyes de carretas serpentearon por bajos y cuchillas, andando sin apuro, al paso tardo del buey ‘Picaflor’ o ‘Mariposa’. Fue inmigración sana, sobria y trabajadora a su manera; prefiriendo aquella labor que permite la holganza a su albedrío: ‘¡lindo el trabajo que da libertad!’
La sobriedad fue su característica y probablemente la determinante de su conformismo. Azotados por las sequías que concluyen con todo en sus tierras de origen –Fuerteventura y Lanzarote sufren con frecuencia la pérdida total de sus cosechas por falta de lluvias- deben contentarse con un bajo nivel de vida; son frugales por naturaleza. (1) Su falta de cultura agrícola diversificada, como lo es la del italiano o español peninsular, poco los defiende en los contratiempos de la agricultura. Ignorantes de modernos métodos, con prácticas supersticiosas, su escasa instrucción los priva de iniciativa que requiere mentes despiertas, con cierto grado de conocimiento y espíritu de empresa además.
Arrendatarios en su mayoría, estos descendientes de los antiguos guanches, su situación de poseedores transitorios de una pequeña porción de tierra, les quita el deseo de mejorar la vivienda y la parcela que explotan. –Si todo ha de quedar en beneficio del dueño… es la consabida respuesta cuando se toca el tema del rancho sórdido e insalubre y de la huerta desprovista de frutales y legumbres. Pocas habitaciones de terrón y paja levantadas a la ligera, algunos pies de transparentes donde puedan recogerse las aves domésticas y la población ya está dispuesta para alojarse cuatro o cinco años. Cuando el plazo del arrendamiento expira, es fácil recoger lo poco aprovechable; y a poblar a otra parte, hasta que la tierra se agote.
Vida sobrellevada sin ideales, a empujones, sin sentido de previsión, desemboca en una ancianidad menesterosa si los hijos no ayudan…
Tierra, tierra propia o con régimen de posesión a largo plazo; escuela agraria donde inculcar nuevas ideas y experiencias; vigilancia docente; vialidad fácil hasta el rincón más apartado, podría ser el abc para mejorar la suerte de estos campesinos.”
Gerardo Molina
(1) En la Exposición “Los Hijos de los Barcos” (Asociación Histórica, 2008) señalábamos la preocupación casi obsesiva por la “tabla salvadora” de la lluvia de aquellos inmigrantes, incluso en la correspondencia que familiares de Fuerteventura hacen llegar a sus paisanos en el Uruguay, que se sumaba a las naturales inquietudes por la salud y el trabajo. Así, extractábamos de la carta dirigida a Guillermo Rodríguez y fechada en el Valle de Santa Inés, el 1º de enero de l951: “… te diré como empezó el invierno: bien, pero no ha vuelto a llover, se ha hecho mucha labranza pero si no llueve, todo se perdió…”

2 comentarios:

  1. Interesante el artículo...me gustaría saber si hay alguna posibilidad de encontrar mas datos sobre esos peraza, umpiérrez, cabrera y bentancour que se menciona. Los 4 apellidos aparecen en mi árbol genealógico y son oriundos de esas localidaes. Les agradezco cualquier ayuda que me puedan brindar.

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  2. HOLA: RECIÉN NOS COMUNICAMOS POR QUE DEJAMOS EL BLOG QUIETO POR UN TIEMPO. LLAMÁ A ESTE NÚMERO QUE PODEMOS AVERIGUAR ALGO MÁS SOBRE TUS PARIENTES ACÁ EN CERRILLOS. CARMELA
    4330 3336

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