lunes, 12 de abril de 2010

Noticia publicada en La República el 10 de agosto del 2000.

Un singular "operativo rescate" revela la dramática situación del histórico Fortín de los Veracierto
En Los Cerrillos, Uruguay está a punto de perder un fragmento de su pasado
Esta historia comienza con una caja misteriosa y culmina con la dramática comprobación de que Uruguay ha sepultado en el olvido un grandioso tesoro histórico. Su protagonista es una muy vieja casona que el tiempo pero sobre todo la desidia, están destruyendo.

Las fotos y documentos reproducidos por la imagen tienen todos más de un siglo. Un fragmento de nuestro pasado en peligro de desaparecer. Foto S. Pereyra

Las fotos y documentos reproducidos por la imagen tienen todos más de un siglo. Un fragmento de nuestro pasado en peligro de desaparecer. Foto S. Pereyra

Ettore Pierri

Poco antes de las 16.30 del pasado viernes 7, personas no identificadas hicieron llegar a LA REPUBLICA una pesada caja de cartón que contenía documentos antiquísimos, fotografías también añejas y objetos diversos de uso habitual en el siglo pasado.

Veinte minutos más tarde, una llamada telefónica anónima reveló que ese material, cuidadosamente acondicionado en bolsas de plástico negro, era parte del que hay en el Fortín de los Veracierto, soberbia casona ubicada cerca de Los Cerrillos, Canelones, unos 36 kilómetros al noroeste de Montevideo.

Tras informar brevemente sobre el contenido de la caja, el hombre que llamó dijo:

"Tanto el Fortín como el material que hay allí, tienen un excepcional valor histórico. Sin embargo, están abandonados y ya sufrieron gravísimos daños. Queremos alertar a la opinión pública sobre lo que está ocurriendo con esa casa, repleta de elementos valiosísimos para muchas disciplinas académicas".

Ese mismo día, LA REPUBLICA inició una investigación que permitió confirmar la denuncia. En efecto, el Fortín de los Veracierto está virtualmente desamparado y sufre un proceso de creciente deterioro, según evidencias incontrastables obtenidas en el lugar de los hechos y ampliadas con datos proporcionados por los vecinos de la zona.

"Es un verdadero crimen que esta casa esté así", dijeron los vecinos, varios de los cuales temen que en poco tiempo más las ya seriamente afectadas instalaciones del Fortín sufran daños irreparables y además desaparezcan los valiosísimos documentos que aún conserva.

"Sabemos que en el Fortín hay muchísimo material sobre hechos y personalidades muy importantes de nuestra historia, pero en cualquier momento ya no habrá nada si no se toman medidas para impedirlo. La casa está en muy mal estado. Ya tiene grandes grietas en las paredes y el techo y cada día se daña más. Es increíble que ocurra una cosa así con esta reliquia que es un verdadero monumento histórico", afirmaron.
De interés nacional

El Fortín, construido hacia la segunda mitad del siglo pasado, está ubicado a unos 6 kilómetros del casco urbano de Los Cerrillos, en un predio de 43 hectáreas que formaron parte de una estancia adquirida por Domingo Veracierto el 9 de julio de 1853.

Con compras registradas entre 1855 y 1882, Veracierto y su hijo Dalmiro fueron anexando nuevas tierras a la estancia, que así se convirtió en la más grande de todo Canelones, según registros de la época.

En los primeros tramos de 1900, el Estado adquirió a los sucesores de Dalmiro Veracierto las 2 mil 300 hectáreas donde el 17 de marzo de 1913 se instaló la escuela de aviación que dio origen a la Fuerza Aérea Uruguaya, hecho que subraya la importancia histórica del campo donde se construyó el Fortín.

Allí también funcionó la primera comisaría rural que tuvo Uruguay y el primer Juzgado de Paz de Los Cerrillos, parte de cuyos frondosos archivos integra el conjunto de documentos enviado anónimamente a nuestro diario.

Dalmiro Veracierto fue uno de los fundadores de Los Cerrillos, primer juez de Paz del pueblo, comandante de la guardia policial de la zona, creador de la primera escuela rural que existió allí y también primer presidente de la Junta Local, que en esa época recibía el nombre de Comisión Auxiliar.

De todo eso hay abundantes testimonios y referencias en los manuscritos originales, libros de actas, informes, partes y registros que se encuentran en el Fortín, donde también hay numerosísimos objetos de alto valor antropológico.

Con ese caudal de información es posible reconstruir hechos y pasajes relevantes de nuestra historia y ampliar conocimientos sobre sucesos que aún están en proceso de investigación, dijeron fuentes universitarias consultadas en la víspera.

Las mismas fuentes no ocultaron su alarma ante la situación de abandono que sufre el Fortín, al que consideran una espléndida cantera de datos sobre el pasado de Uruguay y cuya preservación es, afirmaron, "una cuestión de interés nacional".
Artigas y Rivera

El Fortín, célebre por sus magníficas verjas de hierro y los muros que lo rodean, tiene cuatro torreones que lo protegían de eventuales ataques comunes en la agitada época en que fue construido por Domingo Veracierto, quien comenzó la edificación presumiblemente en 1853, según algunas crónicas.

En el jardín de la vieja casona hay masas de carretas grandes y pesadas utilizadas, según relatos que uno de los Veracierto hizo a sus descendientes, en el éxodo que acaudilló José Gervasio Artigas.

No lejos de su entrada principal, el Fortín tiene un antiguo cañón que a principios de este siglo la familia Veracierto trajo del Cuartel de Bomberos con asiento en Montevideo, según información suministrada el pasado sábado por habitantes de Los Cerrillos.

El cañón está ubicado a la sombra de un viejísimo ombú que es en sí mismo otro tesoro histórico, ya que, dice la tradición oral, fue plantado por el general Fructuoso Rivera, de cuya esposa, Bernardina Fragoso, don Domingo Veracierto obtuvo parte de los campos con que fue formando su gran estancia.

Veracierto recibió esas tierras en pago de los servicios que había prestado a Bernardina Fragoso, de la que fue apoderado y albacea testamentario tras la muerte del general, según consta en un documento fechado el 10 de junio de 1855.

Este documento está en poder de una de las cinco actuales propietarias del Fortín, Angela Pérez Veracierto de Cabrera, quien también conserva otros elementos de gran valor histórico que estuvieron depositados durante muchísimo tiempo en la vieja casona.

Entre esos elementos figuran armas antiguas, cuadros pintados por Dalmiro Veracierto, mapas de la red de caminos principales que tenía Canelones en 1910 y divisas de la Guardia Rural y la División Soriano.

En tanto, una asombrosa cantidad de pistas sobre la historia uruguaya corre riesgo de perderse en la vieja casa de los Veracierto, que ve pasar el tiempo sin que ningún organismo oficial se ocupe de cuidarla.

No obstante su importancia, el Fortín de los Veracierto permanece todavía inexplicablemente al margen de los programas gubernamentales de alcance nacional diseñados para proteger y conservar el patrimonio histórico uruguayo.

Como consecuencia, la vieja residencia está olvidada, sufre cada día con mayor intensidad el paso de los años, carece de mantenimiento adecuado y puede convertirse rápidamente en una ruina patética, si no se adoptan medidas urgentes que permitan recuperarla y preservar el riquísimo material histórico que contiene.

Un lugar perdido en el tiempo...

Existe un lugar,cerca de Los Cerrillos y del Río Santa Lucía, que se ha quedado detenido en el tiempo. Entrar en él, es entrar en el siglo XIX. Allí, se puede uno imaginar cómo vivían las personas con cierto poder adquisitivo a fines del siglo y como tenían que amurallarse para defenderse.
Es un lugar único...pero se está perdiendo. Gran parte de su magnificiencia se ha ido ya: todo está enredado en un gran bosque, donde se mezclan las cañas de bambú con gigantescos ombúes y pinos, todas las plantas han crecido en forma descomunal, es como una selva encerrada entre bastiones, pero esa misma fuerza de la naturaleza está destruyendo lo poco que aún queda del Fortín.
Aún siguen de pie sus cuatro bastiones y gran parte del muro con su tejido y sus parte amurallada, también están sus portones,aunque apenas si se puede llegar a ellos a través de la vegetación.
Hay un lugar en Los Cerrillos, que fue el centro del más moderno establecimiento económico de las décadas de 1860 en adelante, y hoy es presa del abandono y de la desidia de sus dueños. Pero hay lugares que no pertenecen, por su importante valor histórico, a los particulares sino que son parte de la memoria colectiva.
Desde aquí empezaremos a contar la historia del Fortín de Veracierto.

domingo, 28 de febrero de 2010

ACLARACIÓN

EN ESTA PRIMERA ETAPA DEL BLOG DE LA ASOCIACIÓN, QUIEN REALIZA LAS ENTRADAS DE LOS DIFERENTES ARTICULOS ES CARMELA, LA ADMINISTRADORA DEL MISMO, PERO QUIENES LOS ESCRIBEN FIGURAN AL TERMINAR LOS MISMOS.

Canarios

De las diversas inmigraciones llegadas a nuestro país desde comienzos del siglo XVIII, las más sacrificadas fueron –sin lugar a dudas- la de los canarios, base del incipiente Montevideo y luego de Canelones, extendiéndose también en menor grado a otros departamentos. Muchos estudiosos –entre los que destacamos el aporte de la Lic. Isabel Barreto y su equipo de la Facultad de Humanidades- trabajan por una justa cuanto merecida revalorización de aquéllos que ahincada, generosamente volcaron todos sus esfuerzos al trabajo del campo, chacras y quintas, tan caros aún al entorno lugareño. En el libro “Crónica de ‘El Sitio’ de Carlos Carbajal –que hemos recibido por gentileza del estudioso maragato Esc. Miguel Senattore- encontramos una incidental pero muy valiosa referencia a los canarios que llegaron al departamento de San José. El citado autor hizo construir una casona de estilo colonial español que llamó “El Sitio”, en las proximidades del Arroyo Cagancha, con frente a la actual Ruta 11, por los años treinta del siglo pasado. El libro cuenta con lujo de detalles, en un lenguaje castizo y en veces lírico, todas las instancias de la construcción de la casona, con sus jardines, así como las distintas plantaciones llevadas a cabo en la heredad, vecina de los campos donde ocurrió la célebre batalla y hasta la descripción –enriquecedora por la referencia a lugares, fauna y flora nativas-, de la travesía cumplida en el viaje de práctica realizado en 1933 con la Escuela Superior de Guerra. En el Capítulo XII de la obra trae la siguiente relación que nos ilustra sobre el modus vivendi de aquellos canarios que se establecieron en la zona –entre Rodríguez y San José- :
“Sin que menudearan las visitas, he trabado algunas relaciones con el vecindario. Es gente tranquila, de índole bondadosa, apegadas a formas rutinarias en la explotación del agro. Casi toda ella de origen canario, ya por su nacimiento en el archipiélago bien por su ascendencia oriunda de las islas. Muchas familias, cuando su arribo al país, tuvieron su asiento en Canelones, pero la división de la tierra y la transformación de la chacra en granja, los empujaron hacia el sur de San José y Florida. Trajeron a estos lugares métodos de cultivo que si bien rudimentarios, aplicados sobre los campos vírgenes y fértiles, les permitieron sobrellevar, con cierta holgura, la existencia. Los años transcurrieron; se empobreció la tierra y decayó la relativa prosperidad de sus pobladores. Ahora, los nuevos hogares encuentran dificultad para mantenerse en el pago donde el campo escasea y el bien familiar no produce lo indispensable para la vida. A la chacra le ha salido un rival serio: el tambo lo invade todo. Abunda no el mísero pero sí el poblador pobre.
Los Cabrera y Umpiérrez, también los Peraza, Bentancur y Fajardo, se han multiplicado en estos parajes; me trato con algunos de ellos. Recojo el sentimiento de sus existencias… Me complace despertar sus recuerdos a través de los cuales me entero de su tradición familiar. Hijos o nietos de inmigrantes, me hablan de las vicisitudes corridas por sus mayores cuando al país llegaron. Protagonistas o testigos de menudos episodios cuyo conjunto permite definir un estadio en la evolución social y económica de esta campaña. Muy pocos de ellos cambiaron la actividad que aquí trajeron; su aporte tendió francamente a la producción chacarera, del cereal como base de su economía. Los menos fueron viticultores, quizás obedeciendo a sus hábitos isleños, pues es sabido que la vid de las Canarias, cultivada en grandes extensiones de sus terrenos volcánicos, produce excelentes vinos. Otros fueron sufridos transportadores. La picana del canario Jacinto o Filomeno, enhebró estrellas en los cielos despejados de las madrugadas plácidas. Sus pintorescos convoyes de carretas serpentearon por bajos y cuchillas, andando sin apuro, al paso tardo del buey ‘Picaflor’ o ‘Mariposa’. Fue inmigración sana, sobria y trabajadora a su manera; prefiriendo aquella labor que permite la holganza a su albedrío: ‘¡lindo el trabajo que da libertad!’
La sobriedad fue su característica y probablemente la determinante de su conformismo. Azotados por las sequías que concluyen con todo en sus tierras de origen –Fuerteventura y Lanzarote sufren con frecuencia la pérdida total de sus cosechas por falta de lluvias- deben contentarse con un bajo nivel de vida; son frugales por naturaleza. (1) Su falta de cultura agrícola diversificada, como lo es la del italiano o español peninsular, poco los defiende en los contratiempos de la agricultura. Ignorantes de modernos métodos, con prácticas supersticiosas, su escasa instrucción los priva de iniciativa que requiere mentes despiertas, con cierto grado de conocimiento y espíritu de empresa además.
Arrendatarios en su mayoría, estos descendientes de los antiguos guanches, su situación de poseedores transitorios de una pequeña porción de tierra, les quita el deseo de mejorar la vivienda y la parcela que explotan. –Si todo ha de quedar en beneficio del dueño… es la consabida respuesta cuando se toca el tema del rancho sórdido e insalubre y de la huerta desprovista de frutales y legumbres. Pocas habitaciones de terrón y paja levantadas a la ligera, algunos pies de transparentes donde puedan recogerse las aves domésticas y la población ya está dispuesta para alojarse cuatro o cinco años. Cuando el plazo del arrendamiento expira, es fácil recoger lo poco aprovechable; y a poblar a otra parte, hasta que la tierra se agote.
Vida sobrellevada sin ideales, a empujones, sin sentido de previsión, desemboca en una ancianidad menesterosa si los hijos no ayudan…
Tierra, tierra propia o con régimen de posesión a largo plazo; escuela agraria donde inculcar nuevas ideas y experiencias; vigilancia docente; vialidad fácil hasta el rincón más apartado, podría ser el abc para mejorar la suerte de estos campesinos.”
Gerardo Molina
(1) En la Exposición “Los Hijos de los Barcos” (Asociación Histórica, 2008) señalábamos la preocupación casi obsesiva por la “tabla salvadora” de la lluvia de aquellos inmigrantes, incluso en la correspondencia que familiares de Fuerteventura hacen llegar a sus paisanos en el Uruguay, que se sumaba a las naturales inquietudes por la salud y el trabajo. Así, extractábamos de la carta dirigida a Guillermo Rodríguez y fechada en el Valle de Santa Inés, el 1º de enero de l951: “… te diré como empezó el invierno: bien, pero no ha vuelto a llover, se ha hecho mucha labranza pero si no llueve, todo se perdió…”

El Parador Tajes

El Parador Tajes es un sitio emblemático de la 3era. Sección. Originalmente, Pedro Gronardo pobló en 1723 una estancia que dedicó a la cría de ganado y explotación de sus industrias primitivas.
Después, estancia de Pedro Montes de Oca, según el Padrón Aldecoa de 1771-72. Sus herederos venden luego el bien a Cristóbal Álamo en 1778. Este fue Alcalde del Cabildo de Guadalupe y padre de María Josefa, la cerríllense esposa de Joaquín Suárez, quien bordó el sol de la primera Bandera.
El casco de la Estancia fue hogar de los esposos Suárez- Álamo y sobre esa misma edificación, el General Máximo Tajes, por 1886, construye el palacio de estilo italiano con su mirador.
La aspiración de la Asociación Histórica y de la población de Los Cerrillos es que la Casona sea declarada Monumento Histórico Nacional. (1)
También es propósito de la Asociación Histórica contar con espacios dentro de la misma para sede de un Museo Histórico Regional, que abarque distintos aspectos de la historia del lugar que sucintamente hemos descripto, y una sala destinada a la realización de Actos Culturales.
En el futuro Museo se expondrían:
-Documentos varios referidos a las estancias, personalidades y familias que ocuparon dicho bien.
-Padrones de época.
-Cartografía.
-Fotos, libros, objetos, mobiliario, etc.
La Asociación Histórica cuenta con un DVD que realizó recientemente “De los Orígenes a la Fundación”, donde con variados textos y profusión de imágenes se describe la historia del lugar y de otras estancias de Los Cerrillos.
(2008)
Prof. Gerardo Molina
Prof. Miguel Pérez Estévez
Asociación Histórica de Los Cerrillos “3 de Agosto de 1896”
(1) Esta inquietud fructificó recientemente.

jueves, 25 de febrero de 2010

LA IDEA DE UN BLOG.

Como personas que buscamos que todos comprendan la importancia de resguardar nuestro patrimonio, la comunicación con la comunidad y con aquellos que les interesa la Historia es fundamental: sólo aquellos que conozcan el pasado, que se reconozcan en él, que encuentren sus raíces comenzarán a cuidar el patrominio material e intangible.
En el mundo en que vivimos aparecen nuevas formas de interactuar con los demás y el blog es una de ellas, ya que a través de él, nosotros podemos comunicar y dar a conocer lo que se está haciendo y tratar diversos temas y recibir a cambio comentarios, respuestas, datos , fotos, etc.
Por esa razón la Asociación Histórica se abre al mundo en el 2010 con este nuevo espacio, y como algo nuevo es cierto que nos costará un tiempo emplearlo bien y lograr esa comunicación que tanto deseamos con la comunidad.

viernes, 12 de febrero de 2010

CON SEMILLAS EN LOS BOLSILLOS

La idea de que los inmigrantes canarios que llegaron en distintas épocas a estas tierras, incluso desde la fundación de Montevideo, traían “semillas en sus bolsillos” no significa necesariamente que realmente trajeran semillas de las Islas, a lo que se refiere es que traían sus prácticas de cultivo, su forma de cosechar y conservar los productos, de realizar las tareas del campo, también se refiere a la forma de alimentarse y por supuesto el gofio, herencia innegable de los canarios, que llega hasta nuestros días, aunque muy desvalorizada, aunque no perdida.
A medida que uno se acerca a los descendientes de canarios, se va encontrando con distintas costumbres referido a este alimento, que posiblemente fueron trasmitidas de generación en generación desde los ascendientes de Canarias.
El gofio es un alimento ancestral en Canarias ya que su origen se remonta a épocas anteriores a la llegada de los españoles y era el alimento indispensable en los largos viajes por el océano hasta las diferentes regiones de América.
Este cereal, proveniente del torrado y molido de diferentes granos, fue el “pan” de los canarios, acá y en las islas. Con leche, caldo, miel, aceite o agua, en los tiempos de más hambre, fue sostén del pueblo. Cuando no había trigo o cebada, hasta las raíces de diferentes vegetales fueron la materia prima para fabricar este alimento, que mínimamente mojado formaba un bollo, que servía de almuerzo a los obreros que acudían cada jornada a trabajar en la montaña, aportándole la energía necesaria para cumplir con la dura tarea.
Hoy en Canelones sólo hay una tahona o atahonas que produce gofio, aunque se está por realizar en otros molinos, pero en el año 1858 había 131, como señala Aníbal Barrios Pintos en su Historia de Canelones. En ese año se pudo constatar que había más tahonas que pulperías, unos años después descienden a 109.
La forma de molienda del grano para gofio, en el Uruguay el único que se utilizo siempre fue el maíz, es herencia de las prácticas de los inmigrantes canarios y está muy bien descripta en un artículo del almanaque de BSE:
” Se utilizaban para la elaboración del gofio, rudimentarios molinos formados por dos piedras circulares de gran tamaño, que trabajaban en posición horizontal. La inferior era colocada fija, mientras que la superior poseía un agujero
central, por el que se introducía el grano, y giraba sobre la primera para triturar el cereal previamente tostado. Este sistema de molienda es el mismo que utiliza hoy en día la tahona existente en la cuidad de Tala.
La diferencia sustancial es que en el siglo XIX se aprovechaba la fuerza animal, para hacer girar la piedra de la tahona. Posteriormente se fabricaron molinos movidos por viento o agua. La invención de los motores posibilitó la utilización de combustibles como el full oil, el gasoil y más recientemente la energía eléctrica.
Esta descripción concuerda con la forma de molienda que recuerdan los familiares de Geronimo “Grillo” Cabrera y que se realizaba en su tahona en Puntas de Barrancas Coloradas, lindando con Paso del Bote desde 1940. El “Grillo” , canario de origen, además de trabajar su chacra tenía su tahona en la que los vecinos de la zona llevaban su maíz para convertirlo en gofio o harina de maíz. Pero el tema de la Tahona del Grillo lo veremos más adelante.

De los recuerdos de una vecina de Paso del Bote surgen aquellos días en los que su casa en el momento de cosechar el maíz seleccionaba las mazorcas más sanas y granadas para hacer de ellas polenta y gofio en la Tahona del “Grillo”. Cuando llegaba el otoño y el maíz estaba más seco era el momento de tostarlo, trabajo que hacían las mujeres de la casa y para lo cual utilizaban un tacho preparado especialmente para esa función con un fondo oval donde se colocaba el maíz desgranado y lentamente sobre un fuego armado se revolvía con una horquilla a la cual se le ensartaban marlos en sus puntas para revolver el maíz suavemente. Luego, cuanta, lo llevaba en bolsas al hombro hasta lo del Grillo cortando camino, cruzando por los campos de los vecinos.
Relacionado con el mismo tema , recuerdo que mi padre( por el año 1977) deseoso de comer gofio molido de forma tradicional y con maíz de la cosecha propia, seleccionó las mejores espigas y se las llevó al Grillo para que le hiciera gofio. En ese caso, mi padre no lo llevó tostado o torrado. Me entero años más tarde que quien se encargaba de tostar el maíz que llevaban era la esposa del grillo, Doña Nemecia Alicia Cabrera (actualmente con más de 87 años).
Ella lo cuenta así” “Cuando empezaban los primeros fríos, allá por mayo, junio, la gente venía aquí con sus bolsas llenas de granos de maíz, producto de su propia cosecha. A las tres de la mañana, empezaban a llegar los primeros clientes. Entonces ya estaba encendido en el galpón, el farol a mantilla para recibirlos. También se hacían fogones para menguar el ambiente de helada y yo aprovechaba a tostar maíz, porque si alguien no lo traía tostado, también podía llevarse gofio a su casa. De esa forma con el tostador, también yo me ganaba unos pesitos”, comenta. “Cuando todo estaba en orden se largaba la molienda. A veces venía mucha gente y el día no daba para cumplir con todos los pedidos.