En Los Cerrillos, Uruguay está a punto de perder un fragmento de su pasado
Esta historia comienza con una caja misteriosa y culmina con la dramática comprobación de que Uruguay ha sepultado en el olvido un grandioso tesoro histórico. Su protagonista es una muy vieja casona que el tiempo pero sobre todo la desidia, están destruyendo.
Las fotos y documentos reproducidos por la imagen tienen todos más de un siglo. Un fragmento de nuestro pasado en peligro de desaparecer. Foto S. Pereyra
Ettore Pierri
Poco antes de las 16.30 del pasado viernes 7, personas no identificadas hicieron llegar a LA REPUBLICA una pesada caja de cartón que contenía documentos antiquísimos, fotografías también añejas y objetos diversos de uso habitual en el siglo pasado.
Veinte minutos más tarde, una llamada telefónica anónima reveló que ese material, cuidadosamente acondicionado en bolsas de plástico negro, era parte del que hay en el Fortín de los Veracierto, soberbia casona ubicada cerca de Los Cerrillos, Canelones, unos 36 kilómetros al noroeste de Montevideo.
Tras informar brevemente sobre el contenido de la caja, el hombre que llamó dijo:
"Tanto el Fortín como el material que hay allí, tienen un excepcional valor histórico. Sin embargo, están abandonados y ya sufrieron gravísimos daños. Queremos alertar a la opinión pública sobre lo que está ocurriendo con esa casa, repleta de elementos valiosísimos para muchas disciplinas académicas".
Ese mismo día, LA REPUBLICA inició una investigación que permitió confirmar la denuncia. En efecto, el Fortín de los Veracierto está virtualmente desamparado y sufre un proceso de creciente deterioro, según evidencias incontrastables obtenidas en el lugar de los hechos y ampliadas con datos proporcionados por los vecinos de la zona.
"Es un verdadero crimen que esta casa esté así", dijeron los vecinos, varios de los cuales temen que en poco tiempo más las ya seriamente afectadas instalaciones del Fortín sufran daños irreparables y además desaparezcan los valiosísimos documentos que aún conserva.
"Sabemos que en el Fortín hay muchísimo material sobre hechos y personalidades muy importantes de nuestra historia, pero en cualquier momento ya no habrá nada si no se toman medidas para impedirlo. La casa está en muy mal estado. Ya tiene grandes grietas en las paredes y el techo y cada día se daña más. Es increíble que ocurra una cosa así con esta reliquia que es un verdadero monumento histórico", afirmaron.
De interés nacional
El Fortín, construido hacia la segunda mitad del siglo pasado, está ubicado a unos 6 kilómetros del casco urbano de Los Cerrillos, en un predio de 43 hectáreas que formaron parte de una estancia adquirida por Domingo Veracierto el 9 de julio de 1853.
Con compras registradas entre 1855 y 1882, Veracierto y su hijo Dalmiro fueron anexando nuevas tierras a la estancia, que así se convirtió en la más grande de todo Canelones, según registros de la época.
En los primeros tramos de 1900, el Estado adquirió a los sucesores de Dalmiro Veracierto las 2 mil 300 hectáreas donde el 17 de marzo de 1913 se instaló la escuela de aviación que dio origen a la Fuerza Aérea Uruguaya, hecho que subraya la importancia histórica del campo donde se construyó el Fortín.
Allí también funcionó la primera comisaría rural que tuvo Uruguay y el primer Juzgado de Paz de Los Cerrillos, parte de cuyos frondosos archivos integra el conjunto de documentos enviado anónimamente a nuestro diario.
Dalmiro Veracierto fue uno de los fundadores de Los Cerrillos, primer juez de Paz del pueblo, comandante de la guardia policial de la zona, creador de la primera escuela rural que existió allí y también primer presidente de la Junta Local, que en esa época recibía el nombre de Comisión Auxiliar.
De todo eso hay abundantes testimonios y referencias en los manuscritos originales, libros de actas, informes, partes y registros que se encuentran en el Fortín, donde también hay numerosísimos objetos de alto valor antropológico.
Con ese caudal de información es posible reconstruir hechos y pasajes relevantes de nuestra historia y ampliar conocimientos sobre sucesos que aún están en proceso de investigación, dijeron fuentes universitarias consultadas en la víspera.
Las mismas fuentes no ocultaron su alarma ante la situación de abandono que sufre el Fortín, al que consideran una espléndida cantera de datos sobre el pasado de Uruguay y cuya preservación es, afirmaron, "una cuestión de interés nacional".
Artigas y Rivera
El Fortín, célebre por sus magníficas verjas de hierro y los muros que lo rodean, tiene cuatro torreones que lo protegían de eventuales ataques comunes en la agitada época en que fue construido por Domingo Veracierto, quien comenzó la edificación presumiblemente en 1853, según algunas crónicas.
En el jardín de la vieja casona hay masas de carretas grandes y pesadas utilizadas, según relatos que uno de los Veracierto hizo a sus descendientes, en el éxodo que acaudilló José Gervasio Artigas.
No lejos de su entrada principal, el Fortín tiene un antiguo cañón que a principios de este siglo la familia Veracierto trajo del Cuartel de Bomberos con asiento en Montevideo, según información suministrada el pasado sábado por habitantes de Los Cerrillos.
El cañón está ubicado a la sombra de un viejísimo ombú que es en sí mismo otro tesoro histórico, ya que, dice la tradición oral, fue plantado por el general Fructuoso Rivera, de cuya esposa, Bernardina Fragoso, don Domingo Veracierto obtuvo parte de los campos con que fue formando su gran estancia.
Veracierto recibió esas tierras en pago de los servicios que había prestado a Bernardina Fragoso, de la que fue apoderado y albacea testamentario tras la muerte del general, según consta en un documento fechado el 10 de junio de 1855.
Este documento está en poder de una de las cinco actuales propietarias del Fortín, Angela Pérez Veracierto de Cabrera, quien también conserva otros elementos de gran valor histórico que estuvieron depositados durante muchísimo tiempo en la vieja casona.
Entre esos elementos figuran armas antiguas, cuadros pintados por Dalmiro Veracierto, mapas de la red de caminos principales que tenía Canelones en 1910 y divisas de la Guardia Rural y la División Soriano.
En tanto, una asombrosa cantidad de pistas sobre la historia uruguaya corre riesgo de perderse en la vieja casa de los Veracierto, que ve pasar el tiempo sin que ningún organismo oficial se ocupe de cuidarla.
No obstante su importancia, el Fortín de los Veracierto permanece todavía inexplicablemente al margen de los programas gubernamentales de alcance nacional diseñados para proteger y conservar el patrimonio histórico uruguayo.
Como consecuencia, la vieja residencia está olvidada, sufre cada día con mayor intensidad el paso de los años, carece de mantenimiento adecuado y puede convertirse rápidamente en una ruina patética, si no se adoptan medidas urgentes que permitan recuperarla y preservar el riquísimo material histórico que contiene.